Tenemos que renunciar a la creencia de que las cosas deberían ocurrir siempre según nuestros deseos ya que esta idea, permanentemente instalada, impide que nuestra mente reaccione adecuadamente cuando no sucede así. Si no podemos manejar ni siquiera nuestra propia vida ¿cómo podemos creer que podemos manejar a los demás y al universo de manera que todo se adapte a nuestros deseos?

En lugar de preguntarnos cuando las cosas no salen como queremos ¿por qué yo? o ¿por qué a mí?, que es lo que hacemos cada vez que nos sucede algo desagradable, deberíamos pensar ¿por qué yo no? ¿por qué razón no me puede suceder esto a mi? Todos sufrimos.

Este cambio es sutil y muy fuerte, pues da la clave en el manejo de las emociones: disminuir nuestro ego, el real origen de todas ellas.