Para tratar con personas que tienen una naturaleza muy negativa y difícil, que crean muchos obstáculos, lo primero que tenemos que hacer es diferenciar, o establecer una separación, entre las personas y sus acciones, pues de lo que se trata es de que respondamos a las acciones, no a las personas.

Todo comienza con lo que llamamos aceptación. Pero ¿qué es la aceptación? Si alguien llega a nuestra casa a llevarse todo lo que tenemos, con toda seguridad no le diremos ¡qué bien! ¡Llévate todo lo que quieras!, sino que, si estamos de buen humor, nos importará menos, pero si no es así, nos enfadaremos o intentaremos evitarlo.

La forma de actuar budista es muy diferente a la forma de actuar mundana, u ordinaria, donde se juzga a las personas como buenas o malas, y se deja en segundo lugar sus acciones. En general, no tenemos la capacidad de realizar esta separación, pensamos que la acción y el ser son uno, por lo cual reaccionamos, guiados por nuestro karma, tendencias, patrones de conducta habituales y emociones perturbadoras.

Para el budismo, por el contrario, si bien las acciones pueden ser positivas o negativas, los seres no: éstos son naturalmente bondadosos y buenos. Aceptar, por tanto, significa considerar a las personas como personas y respetarlas, a la vez que tratamos de responder adecuadamente a las consecuencias de sus acciones negativas o dañinas.