Todos nuestros problemas son transitorios, como las nubes que oscurecen el sol: igual que vienen, se van. Mientras respiremos siempre habrá oportunidad pues nuestra vida es como el sol brillante: aunque algunas veces no podamos verlo, porque está oculto entre las nubes, siempre está ahí, brillando.

En este siglo XXI nuestra vida no es fácil, ya que a nivel colectivo tenemos que enfrentarnos a muchas situaciones delicadas, como el calentamiento global, los problemas sanitarios, las crisis económicas, las guerras y todo tipo de amenazas; a nivel individual a muchas situaciones difíciles, pero todas ellas son como las nubes: aunque pueden estar con nosotros un día, un mes, un año o varios años, tarde o temprano desaparecerán. Y tras su desaparición, nuestra vida volverá a ser como el sol brillante. Esta es la razón por la que digo que siempre hay oportunidad, que la oportunidad siempre la tenemos a nuestro alcance.

Vivimos en este mundo, pero no estamos realmente aquí, porque, o bien estamos en el pasado, o bien estamos en el futuro, y cualquier pensamiento que surja en nuestra mente pertenece a uno o a otro. ¡Nunca estamos en el presente! Las preocupaciones pertenecen al futuro, ya que se trata de pensamientos sobre algo que no ha sucedido todavía, del tipo: ¿qué va a pasar? ¿Qué van a decir? ¿Podré hacerlo? También pertenecen al futuro el miedo y el estrés. Por otro lado, los recuerdos, ese darle vueltas a lo que ya ocurrió y a la razón por la que se produjo, pertenecen al pasado. De manera que, al final, estamos en medio, o entre dos rocas, experimentando una fuerte presión: las preocupaciones, el miedo, el estrés y las tensiones, que pertenecen al futuro, por un lado, y todos los recuerdos y situaciones pasadas, por el otro.

Siento decirlo, pero creo que en la actualidad la vida de los seres humanos es una no-vida, es decir, no estamos viviendo una vida auténtica, por todos los obstáculos que hemos mencionado, sino una vida no-natural. Nuestra vida es como la de unos caminantes que se desplazan por el desierto del Sahara y que intentan escalar una especie de montaña, sin agua, con un sol ardiente, llevando la pesada carga de la ropa y utensilios encima. ¡Nuestra cabeza es muy pesada, ya que lleva todos esos pensamientos en ella! Podemos imaginar lo difícil que es, pues cada vez que intentamos avanzar un paso, retrocedemos dos, con lo cual difícilmente llegaremos a la cumbre. ¿Por qué retrocedemos en lugar de avanzar? Debido a nuestra pesada carga: el estrés y los recuerdos del pasado nos tiran hacia abajo. A lo que se añade un fuerte viento que a veces sale al paso del camino y nos bloquea y paraliza: las preocupaciones y los miedos por el futuro.

Así es nuestra vida, la vida que hemos creado, aunque no lo sepamos y aunque no la queramos: una vida que no es natural. La clave para tratar estos problemas es simplemente intentar no pensar una y otra vez en las cosas negativas que otros dicen de nosotros; no darle vueltas en la cabeza; no seguir preguntándonos continuamente por qué alguien ha dicho algo; evitar llevar siempre con nosotros este tipo de pensamientos; detener este incesante rumiar; e intentar, de vez en cuando, estar aquí y ahora, en el momento presente. Aquí es donde comienza la meditación.

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