Existen muchos diferentes tipos de meditación y, específicamente, en el budismo, numerosos niveles, pero no hay ninguna necesidad de conocerlos todos. Bastaría inicialmente con centrarnos en una meditación universal que todos podemos practicar, que nos pertenece a todos, que podemos hacer en nuestra vida diaria, que podemos compartir con los demás y que es de extraordinaria importancia: la meditación en la respiración.

Como sabéis, hoy día, la meditación está comenzando a gozar de predicamento e incluso muchos grandes científicos meditan, a pesar de que hasta hace muy poco tiempo no consideraban que dicha práctica tuviera ningún valor. La meditación está muy extendida por todo el mundo: en América, y en muchas partes de Europa, como Francia y Alemania, es una práctica frecuente. Esta práctica no tiene nada que ver con ninguna religión, tradición, o escuela espiritual, y la podemos aplicar en nuestra vida diaria.

Meditación significa curación. Al igual que cuando estamos enfermos físicamente necesitamos medicamentos para sanar, cuando nuestra mente está perturbada necesitamos meditar.

Una idea muy extendida es que meditar requiere un buen espacio de tiempo, pero, en realidad, una meditación no es necesariamente mejor porque sea más larga. Se puede meditar durante tres, cinco, diez o treinta minutos, pero lo ideal es hacerlo al menos entre cinco y diez minutos, todos los días.

Cuando meditamos no necesitamos a una segunda o tercera persona que nos enumere los beneficios que nos aporta, no necesitamos preguntar a nadie sobre éstos para saberlo, porque nosotros mismos somos los testigos. El meditador es su propio testigo, el que sabe los beneficios que obtiene. Sería ridículo preguntar a alguien ¿qué beneficios he tenido con la práctica de la meditación? Lo sabemos porque somos nuestro propio testigo. Por ejemplo, si tomamos una copa de vino muy bueno, no necesitamos a nadie que nos diga que este vino es bueno o no. Si bebéis el buen vino de la meditación, lo comprobaréis.

Nuestra vida hoy día está llena de ocupaciones y este trajín es la fuente del estrés. Mientras no paremos esa actividad incesante, el estrés seguirá produciéndose y aumentando, y de sus resultados también somos nuestros propios testigos. La meditación es una forma de detener esta actividad y recargarnos. Para ello, cesamos toda esta actividad durante uno, tres o cinco minutos, nos sentamos en una silla o en el suelo, nos concentramos en la respiración, e intentamos no seguir los pensamientos. Antes de concentrarnos en la respiración podemos elaborar pensamientos positivos del tipo: “Lo más importante es conseguir una mente apaciguada, una vida feliz, una buena vida” “¡Pongo tanto esfuerzo para conseguir la felicidad!” “Ahora he encontrado esta técnica que me otorga una mente en paz y un cuerpo feliz” “Por esa razón, quiero dedicar estos cinco minutos a la meditación” “Esto es muy importante para mi vida, mi familia y mis relaciones sociales” “Por eso necesito dedicar unos minutos a esto”, entre otros. Además, es muy importante desarrollar la determinación: “Lo voy a hacer porque es algo muy importante en mi vida” “Si algo tiene tanto valor para mí, ¿Por qué no hacerlo?”

Esta motivación, o determinación, es sumamente importante porque constituye un pensamiento positivo que nos aporta gran cantidad de energía.

Podemos hacer esta práctica en nuestra habitación, en nuestra casa, en la oficina o al aire libre, lo importante es que el sitio sea tranquilo, sin ruido, pues un lugar con estas condiciones es un buen apoyo para la meditación. Si una persona acostumbra a meditar desde hace mucho tiempo, y creo que algunos de vosotros ya practicáis meditación, las molestias o las distracciones exteriores no afectan tanto, pero si somos principiantes necesitamos un lugar tranquilo y silencioso.

En ese lugar tranquilo y silencioso, nos sentamos en una silla o en el suelo, donde estemos más cómodos y relajados, y adoptamos la postura correcta, o asana de meditación.

Este asana consta de varios puntos, pero no es necesario reunirlos todos, es suficiente con estar sentados cómoda y relajadamente. Tanto si nos sentamos en una silla con las manos sobre las rodillas, como si lo hacemos en el suelo, con las piernas cruzadas, es imprescindible mantener la espalda recta, o la parte principal del cuerpo erguida, para evitar que la relajación profunda que la meditación proporciona pueda producirnos somnolencia y llegar a dormirnos. Además, permite que fluya nuestra energía con mayor facilidad y que nuestra mente esté más clara. Si alguien tiene problemas de espalda y no puede mantener la espalda recta, puede meditar acostado, con la espalda recta.

En este punto, ya hemos reunido las condiciones externas favorables a la meditación, esto es, un lugar tranquilo y silencioso, lleno de paz, donde podamos dejar de lado todas las preocupaciones ordinarias. Con esto en orden, podemos iniciar la meditación.

En forma más detallada, tenemos los siguientes pasos:

  1. Asumimos que estamos muy estresados, llenos de preocupaciones y pensamientos, con muchas cosas que hacer, y que, por tanto, necesitamos recargarnos con energía positiva.
  2. Si es posible, cerramos la puerta, apagamos todos los artefactos que puedan generar ruido y nos sentamos en un cojín o una silla, colocando las manos sobre las rodillas.
  3. Inspiramos profunda, completa, suavemente, con naturalidad, y espiramos con un poco más de fuerza, vaciando completamente los pulmones, sin que quede aire dentro. Si alguien padece problemas de corazón o ha sido sometido a una cirugía cardiovascular, debe espirar el aire también con suavidad, como lo hizo en la inspiración. En los demás casos, la espiración debe hacerse con más fuerza y duración que la inspiración.
  4. Al inspirar, pensamos que estamos recargando energía positiva; y al espirar, imaginamos que toda la energía negativa y las toxinas salen de nosotros y se alejan. Nuestro cuerpo y nuestra mente están llenos de contaminación, de energía negativa y de toxinas, y al exhalar, todas esas energías negativas, toxinas y contaminaciones salen de nosotros, quedando nuestro cuerpo y mente puros. En ese momento habremos vuelto a vuestro hogar original, que es un estado de paz.
  5. Luego inspiramos despacio, con naturalidad, suavidad, y plena atención; y espiramos de la misma manera. Recordad que debemos inspirar y espirar con total atención, siendo conscientes de que estamos respirando; es decir, inspiramos conscientemente y espiramos conscientemente. También podemos pensar: “sé que estoy inspirando”, “sé que estoy espirando”. En ese momento se cierran automáticamente las puertas del pasado y del futuro sin que necesitemos decidirlo. No nos decimos “voy a cerrar la puerta del futuro” porque al estar aquí, plenamente presente, ésta se cierra de manera natural. ¡Es muy fácil!

Podemos utilizar este método, por ejemplo, cuando estamos dentro del coche, en un atasco, momento en el cual solemos contrariarnos y estresarnos por nuestra llegada tarde al trabajo o al lugar deseado. En casos como este, lo primero que tenemos que hacer es aceptar esta situación, puesto que no la podemos cambiar, y luego realizar respiraciones profundas durante uno o dos minutos, manteniendo nuestra atención en la respiración. De esta manera, nos iremos cargando de energía positiva.

Hasta ahora, lo que la mayoría de nosotros ha hecho es gastar la energía positiva, en lugar de recargarnos de ella. Nuestra situación es como la de un ordenador que se ha bloqueado debido a haber abierto numerosas ventanas. El cerebro es como un ordenador, y si no es recargado adecuadamente, se bloquea. ¡Esto es lo que nos está pasando! Ahora es el momento de recargar. Si no lo hacemos, nuestra mente irá por el mismo camino de siempre, y estará cada vez más débil, más pesada y más llena de problemas. Un minuto no es nada, y, sin embargo, proporciona enormes beneficios a nuestra mente, que repercuten en nuestro cuerpo físico.

Nuestra reacción al atasco ―ansiedad, enfado y todo tipo de pensamientos negativos―, es a la que estamos acostumbrados porque forma parte de nuestros viejos hábitos. Y estos hábitos consumen mucha de nuestra energía, pues este tipo de situaciones las vivimos cotidianamente. Si somos conscientes de ello, nos daremos cuenta de que para sanarlas necesitamos recargar. Hay cosas que no podemos cambiar: un atasco es un atasco y tanto si nos preocupamos como si no lo hacemos, tenemos que esperar. Lo mejor es meditar un minuto y recargar. ¡Pero no se os ocurra hacerlo cuando vais circulando por la autopista!

También lo podemos hacer en la oficina o durante nuestro trabajo, cuando tenemos demasiadas cosas que hacer: si cada hora o dos horas cerramos la puerta, respiramos durante dos o tres minutos, y simplemente permanecemos ahí, centrados en la respiración, obtendremos energía positiva y claridad en la mente. Esta claridad mental mejorará nuestra concentración, la buena concentración mejorará nuestro trabajo y el buen trabajo mejorará los resultados. Esta técnica es muy utilizada por hombres de negocios que están sometidos a un fuerte estrés: cuando éste es muy pronunciado, cierran la puerta durante cinco minutos, y se dicen: “Voy a estar aquí y ahora. Voy a recargar la energía positiva” y respiran profundamente. Después de ello, todo vuelve a estar bien.

Nosotros también necesitamos recargar, ya que solemos abrir un montón de archivos al mismo tiempo, ideas y emociones, la mayoría de los cuales son innecesarios, nos desgastan y bloquean. Y para recargarnos tenemos que borrar estos archivos innecesarios. De verdad, es muy importante borrarlos.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies