La muerte forma parte de la vida y no sólo de nuestra vida individual. Pertenece al universo.

La muerte no es algo que se produzca en una vida determinada, no es algo que sucede individualmente sino universalmente. Cuando asumimos esta idea e interiorizamos que la muerte le llega a todo el mundo, la vida se convierte en algo mucho más relajado y menos difícil.

El fin de la vida que se produce cuando cesa la respiración y se detiene el corazón, es lo que entendemos por muerte en un nivel burdo, pero en un nivel más sutil la muerte se refiere a la transitoriedad de la vida ya que en cada instante nacemos y morimos.

Los cambios sutiles que se producen en nuestro cuerpo y en todo lo que nos rodea no se producen de repente, en un momento determinado, que es cuando probablemente los percibimos, sino en cada instante ya que todo el universo está sometido a un proceso de cambio constante. Lo que ocurre es que somos incapaces de ver la continua realidad del cambio.

El que tiene la experiencia del cambio constante de las cosas, el que experimenta la fugacidad de los fenómenos, ha entrado en otra dimensión en la que es capaz de ver la realidad cara a cara, ha llegado a una dimensión llena de belleza, en la que no hay diferencia entre el nacimiento y la muerte, en la que la muerte es nacimiento y el nacimiento es muerte.