La compasión nace gozosamente en nuestro corazón cuando somos capaces de ayudar al otro, incluso al más pequeño de los insectos, cuando somos capaces de hallar la solución para su sufrimiento y sus problemas. En ese momento sentimos en el fondo de nuestro corazón una profunda alegría, felicidad y paz interior. Esta es la alegría auténtica, la paz real, la felicidad genuina que se producen por la compasión auténtica. Porque la auténtica alegría, la felicidad y la paz sólo pueden surgir desde dentro, nunca desde fuera.

En el momento en que surge la compasión en nuestro interior, todos nuestros órganos, nuestras facultades, cada una de nuestras células, reciben energía positiva, se calman absolutamente, dando así lugar a lo que modernamente se llama proceso de sanación. Nuestra mente es como agua hirviendo durante veinticuatro horas al día y en el momento en que vertemos en ella el agua fresca de la compasión, la mente se calma, todo se calma, incluso las células cerebrales, las células de la sangre, que reciben esa energía positiva y esa paz, sanan. Así sana nuestra vida física, mental, emocional y espiritual. Así sana la sociedad.