Cuando practicamos la atención plena de la mente, es como si observásemos un bosque en la distancia, un gran bosque en la montaña, el cual va perdiendo identidad, va dejando de ser un solo punto, conforme nos vamos acercando a él. Al estar dentro de él e ir dejando atrás árbol tras árbol el bosque va perdiendo la identidad que parecía tener cuando lo veíamos en la lejanía.

Nuestra mente es como ese bosque. Parece que tiene una identidad real y casi física si no la observamos, pero, si lo hacemos, nos damos cuenta de que no es así, no vemos nada concreto que observar. Y al comprobarlo, mediante la meditación de atención plena en la mente, obtendremos una sensación de ligereza y libertad, notaremos más espaciosidad y luminosidad.

Nuestro problema es que, sin esta observación, vamos acumulando archivos que son basura, día y noche, durante meses y años, durante miles de vidas. Es tan grande esa acumulación, tan intensa, que llegamos a sentirla como sólida y, cuanta más acumulación, más presión, y esa presión nos hace explotar. La meditación va reduciendo esa intensidad, va soltando la presión, generando espacio y haciendo que nos sintamos más ligeros, más en paz y más felices. Es el beneficio temporal de la meditación. Al reducir la acumulación de archivos-basura, la práctica meditativa reduce el estrés, la depresión y los conflictos ya que todo ello no es otra cosa que la intensa energía acumulada que genera una presión de tal naturaleza y tan difícil de soportar que es lógico que estallemos con agresividad. Es la realidad de nuestro siglo, la enfermedad que constituye nuestro desafío: conflictos, depresión, soledad e, incluso, el suicidio.

Una vez alcanzada esta comprensión buscaremos su origen, el origen del sufrimiento, la verdad de su origen. Y tras ello, la comprensión de que puede desaparecer, que es la verdad de la cesación del sufrimiento. Se trata de la comprensión de que podemos purificarlo, disiparlo, eliminarlo completamente. Saber que en realidad es posible eliminar todos los sufrimientos, sus causas y condiciones, porque hay una forma de conseguirlo, el camino que Buda siguió y nos enseñó después.