Tenemos una idea externalista del sufrimiento, creemos que procede de fuera. Pero las condiciones externas que aparentemente lo produce, son solo condiciones, porque la primera causa del sufrimiento está en nuestra mente.

El sufrimiento no es bueno ni malo, depende. Puede protegernos porque nos avisa de que hay algo que no va bien, y es entonces cuando tenemos la oportunidad de aprender y transformarnos.

El amor y la generosidad pueden venir del sufrimiento, porque cuando hemos sufrido, y vemos a una persona que sufre, al recordar nuestro propio sufrimiento, puede despertar en nosotros el amor y la generosidad.
El sufrimiento nos puede ayudar también a querer encontrar la manera de salir del sufrimiento y de apreciar las cosas más sencillas de la vida, que son las más valiosas.