Es importante que seamos conscientes de la energía positiva o negativa que reciben los demás de nosotros a través de lo que decimos. Y nosotros mismos obtendremos a la vez, día a día, la energía positiva o negativa que procede de nuestras propias palabras. Porque cada día vamos acumulando aquello que vamos plantando.

Las palabras no son armas, pero si son duras, pueden dañar hasta nuestros órganos, porque las emociones perturbadoras como la ira transmiten energía negativa.

Sin embargo, las palabras dulces o pacíficas proceden de la compasión, del amor y del cuidado, y su energía positiva es percibida por los demás.

Por lo tanto, si tenemos la capacidad de usar palabras verdaderas, desde el corazón, aunque no sean dulces, estaremos administrando una medicina ácida, que aunque no tenga buen sabor, puede ayudar a curar.

Si tenemos la capacidad de usar palabras dulces y pacíficas, debemos usarlas siempre que tengamos la oportunidad.

Y si la situación no lo permite, o no puedo hacerlo, es mejor guardar el noble silencio. El noble silencio es otra forma de palabra perfecta.