Tanto si practicamos como si no lo hacemos, siempre hay dos testigos.

Puede ser que nuestra apariencia sea tal, que los demás nos vean como buenos practicantes y nos respeten por ello. Esto es ciertamente un testimonio, pero no el más importante porque las personas comunes no pueden leer nuestros pensamientos. Si, por casualidad, nos encuentran realizando una conducta positiva, es posible que se impresionen, pero sólo uno mismo sabe si no tiene nada de lo que avergonzarse; por lo tanto, el testigo más importante eres tú.

Es necesario tratar de mirar al interior de nuestra mente y comprobar si los pensamientos positivos se están desarrollando en ella, si nuestras cualidades interiores están aumentando mediante la práctica, porque haciéndolo, aunque es verdad que los cambios requieren tiempo, se irá produciendo un progreso.

Los grandes yoguis kagyus, como Milarepa, decían que estas experiencias son como las flores en verano porque, aunque puede haber muchas, realmente eso no nos debería impresionar.

No hay que apegarse ni aferrarse a esas experiencias sino intentar ir más allá, nunca quedarse en ellas, como niños viendo una película. Un meditador debería cruzar a través de estas experiencias e ir más allá de ellas desarrollando siempre su meditación.