Sabemos, por experiencia propia, que un pequeño percance, incluso una sola palabra, puede destruir una relación, de ahí que la sociedad de este siglo XXI esté plagada de conflictos. A veces sucede incluso que una persona ha hecho mucho por nosotros, pero una pequeña desavenencia puede iniciar un conflicto que desemboque en una ruptura.

Esto sucede porque en esos momentos nos enfocamos sólo en esa desavenencia, que rumiamos sin parar, dándole vueltas y más vueltas en la cabeza, y llenamos la mente sólo con ella, bloqueándola.

Es necesario recordar que nuestra relación es más que esa desavenencia, abrir los ojos, tener paciencia, …porque si reaccionamos de manera inmediata en el momento en que nuestro amigo, hijo, padre, madre o compañero haga o diga algo que nos molesta, es seguro que nos arrepentiremos.